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4 de mayo de 2010

Mensajes ocultos en el Símbolo Perdido

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Dan Brown, un mago de los códigos y los arquetipos

Enrique de Vicente
Claves ocultas de El símbolo perdido (Plaza & Janés, 2010), obra de la que extractamos el siguiente artículo, es mucho más que una síntesis de los ritos iniciáticos, las sociedades secretas, los orígenes esotéricos de la ciencia, los edificios y obras de arte, la Historia alternativa y la esplendorosa visión del futuro en que se basa esta novela. Su autor profundiza en los códigos ocultos que el controvertido novelista ha cifrado en la edición norteamericana de la misma.

ÁNGELES Y DEMONIOS ANUNCIÓ LOS EJES DE EL SÍMBOLO
En el capítulo 1 de Ángeles y demonios, Langdon está durmiendo cuando el físico que se convierte en víctima del hassassin le llama para verle urgentemente. Son las 5.18 horas de la mañana, hora que, en mi opinión, nos remite a dos capítulos de esta novela. Cuando examinamos el capítulo 5 encontramos la primera mención a Jano, el dios que tiene dos caras o identidades contrapuestas y cuyo hijo Tiberino dará nombre al Tíber que recorre la ciudad de Roma; es la otra identidad del camarlengo, ese príncipe romano que será el gran protagonista de esta novela. El contenido se limita a su conversación telefónica con el hassassin, que ejecutará sus órdenes creyéndole jefe de los Illuminati, y el capítulo termina con la palabra «asesino». También ahí se repite dos veces una frase que no volverá a aparecer en la novela: «La hermandad perdura». En el capítulo 18, este asesino psicópata yace con una prostituta, regocijándose con el placer que le produce matar y con el honor de creerse «el elegido por la antigua hermandad». Las palabras que lo cierran, revelan la identidad del arquetipo islámico con el que se identifica: «Malaq al-haq, el Ángel de la Verdad».
Cualquiera que haya leído El símbolo reconocerá en estas pistas los dos polos de atracción, anunciados con diez años de antelación, sobre los cuales gira esta novela: la hermandad masónica que, en su opinión, perdura desde tiempos remotos, y el nombre místico de aquel que aspira a conseguir el más profundo de sus secretos: Mal’akh, el asesino psicópata que se identifica con el ángel homónimo mencionado en el Corán. Añadamos a esto que Roma fue el escenario de aquella novela y Washington lo es de El símbolo, una ciudad que originalmente fue bautizada, considerada y ornamentada como la nueva Roma por sus fundadores, quienes llamaron Tíber a un río que pasaba cerca, como nos recuerda Langdon a partir del capítulo 20. No son meras coincidencias. Brown ha explicado que ya entonces pensó en los temas que podría tocar en las siguientes cuatro novelas que protagonizaría el profesor Langdon, siempre que éste gozase del favor de sus lectores.

La llamada telefónica que Langdon recibe en El código tiene lugar a las 12.32 horas y, también, en el capítulo 1. Es un nuevo detalle aparentemente anecdótico. Sin embargo, al igual que ocurre en la vida, lo que desde una perspectiva profana percibimos como algo casual se convierte en una señal cargada de significado cuando hemos aprendido a ver más allá de las apariencias. Estas dos cifras –además de tener un importante significado numerológico– apuntan a otros dos momentos importantes en la trama de la novela.

UNA ESTRUCTURA SECRETA EN EL CÓDIGO DA VINCI
En el capítulo 12, Langdon empieza a tomar conciencia de la urgencia de su situación cuando Sophie le revela que él es el principal sospechoso del asesinato de Saunière. Y en el capítulo 32, Langdon consigue escapar del museo guiado por la dama. El capítulo 32 evoca el último de los grados iniciáticos del Rito Escocés de la masonería, muy ligado con la trama en la que se fundamenta El código y sobre todo con la de El símbolo. Por si no nos quedara clara su intención, Dan Brown insiste en este simbolismo. En el capítulo 22 nos habla de los 32 rumbos posibles indicados por la Rosa de los Vientos, recalcando que el símbolo de la rosa está estrechamente «asociado a los mapas y a la guía de las almas en la dirección correcta». Por tanto, cuando Langdon y Sophie salen a las calles de París e inician la búsqueda del secreto, lo hacen bajo el signo de este simbólico instrumento que permite a los navegantes orientarse en sus viajes y que evoca el universo esotérico; la aventura profana encarna así un verdadero viaje iniciático.
No es casual que esta importancia del número 32 se desarrolle en el capítulo 22. Entre otras cosas, 22 es el número de los arcanos mayores del tarot, de los senderos que comunican los 10 sephirots en el Árbol de la Vida cabalístico de las correspondencias entre el cuerpo humano y las divinidades egipcias, de las reglas de la voluntad que se atribuyen a la enseñanza de Hermes, de las relaciones que existen entre los 10 nudos de energía en la Tetraktys pitagórica y de las letras que tiene el alfabeto hebreo, la última de la cuales simboliza el nombre de Dios. El Apocalipsis de Juan –que es el texto más esotérico del Nuevo Testamento– tiene 22 capítulos, al igual que los libros sagrados de los antiguos parsis, los primeros que reflejan el eterno combate entre la luz y las tinieblas, entre el sueño y el despertar. Todos ellos temas que aparecen tanto en El código como en El símbolo.

NUMEROLOGÍA Y SIMBOLISMO
Entre los 13 códigos alfanuméricos ocultos en la última obra de Brown, encontramos uno que sigue esa misma norma aunque con una interesante variación. La novela comienza con la hora a la cual tiene lugar la iniciación de Mal’akh: las 8.33. Y, en esta ocasión, un mensaje telefónico impide que Langdon duerma a las 6.00. El 8 y el 33 tienen una importancia numerológica excepcional para la tradición esotérica. Pero, una vez más, nuestra atención debe dirigirse a la llamada telefónica que, en este caso, no le despierta, porque su viaje heroico ya ha comenzado con el vuelo que le conduce a su destino. En el capítulo 6, Langdon se entrega al discurso más extenso y repleto de contenido que encontramos en la novela acerca de la masonería, los padres fundadores y el diseño oculto de Washington y de sus principales monumentos.
¿Creen que tales coincidencias son banales? Para un estudioso del esoterismo y de los símbolos que rigen el inconsciente colectivo, estos mensajes tienen una segunda lectura. En las dos primeras novelas, cuando Langdon hace su primera aparición, le llaman por teléfono mientras duerme plácidamente; en la última, se dispone a dormir cuando recibe un mensaje telefónico. Tanto la reiteración como el hecho de que nos indique la hora exacta de las llamadas tienen un significado intencionado. El simbolismo de estas situaciones alude a la condición habitual del ser humano, de la cual las enseñanzas de los antiguos misterios intentaban sacarle. Como cualquiera de nosotros, el protagonista se encuentra adormecido e inmerso en un mundo ilusorio cuando una llamada le despierta y le impulsa a emprender un viaje heroico: la búsqueda de otra realidad oculta tras las apariencias.

(Continúa la información en Año/Cero nº 237).

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